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Dígamelo en mi castellano
diciembre 3, 2015
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De paso no sobra decir que no soy médico, pero he oído muchas veces a los ancianos decir: a las 6:00 a.m. me tomo la pastilla de la caja blanca, a las 8:00 a.m. me tomo la pastilla de la caja azul y antes del almuerzo me tomo la pastilla de la caja verde. Afortunadamente en este caso las cajas son de diferente color. Probablemente no sería lo mismo si dijeran: a las 6:00 a.m. me tomo la pastilla de 50 mg del medicamento X, a las 8:00 a.m. me tomó la pastilla de 10 mg del medicamento A y luego una cápsula de 20 mg del medicamento K antes del almuerzo. Esto último suena más a un médico siendo entrevistado que a un paciente. Esta situación se repite comúnmente en todos los ámbitos de la vida y en todas las profesiones.

Cada profesión tiene una jerga que crea ventajas para la comunicación entre personas de la misma profesión, pues permite entregar mensajes con gran precisión y exactitud. No obstante, no se puede suponer que todas las personas sepan los términos de una disciplina, ya que cada persona ha estado expuesta a diferentes situaciones, tiene diferente formación e inclusive su actitud puede día a día hacer que los mensajes sean recibidos de diferentes formas. Adicionalmente es un acto altamente contextual; por ejemplo si digo la palabra mina, una persona puede pensar que me refiero a una excavación para extraer minerales, a un artefacto explosivo o a una barra de grafito en el interior de un lápiz. A qué precisamente me refiero, depende del contexto en que lo diga.

Para la Real Academia Española, la comunicación es la transmisión de señales mediante un código común al emisor y al receptor [1].

Sin embargo, una situación común es que el emisor suponga que la señal establecida es común con el receptor, lo que constituye un grave error por cuanto dichas señales pueden no ser comunes o inclusive pueden ser desconocidas por el receptor. Esto no da mayor o menor valor al emisor, al receptor o a la señal misma, pero si puede dificultar el fin mismo de la comunicación que es la transmisión. Un ejemplo cotidiano que no involucra personas pero que probablemente han sido testigo muchas de ellas es la comunicación entre diferentes equipos electrónicos, la cual en el caso de diferentes sistemas operativos o tecnologías puede tornarse difícil. Esto puede ser conveniente para los fabricantes, ya que obligan a las personas a entrar en un “club privado” en el cual sólo los dispositivos de determinada marca o tecnología son compatibles, pero puede convertirse en una desgracia para los usuarios al limitar las posibilidades ofrecidas por sus equipos u obligarlos a buscar otras formas de transmitir la información. Sin embargo, en la vida profesional hay grandes diferencias: normalmente no se escoge con quien se interactúa, los protocolos de información no necesariamente son prediseñados y la comunicación según la situación puede llegar a ser un acto totalmente informal y espontáneo.

En la comunicación más información no necesariamente significa mejor comprensión. En ocasiones, el mensaje puede contener tanta información que a la larga puede tornarse confuso o simplemente ser excesivamente grande para que el receptor lo procese. Por ello en ocasiones lograr claridad a la vez que se logra brevedad es un gran reto para el emisor.

En mi trabajo usualmente tengo a mi cargo personas que deben adicionar productos químicos para ajustar diferentes propiedades a fluidos. Cada producto adicionado tiene una diferente funcionalidad y por ende afecta diferentes propiedades en mayor o menor medida, suponiendo un reto importante debido a la cantidad productos utilizados y la facilidad con que son confundidos los empaques de los mismos. Durante el ejercicio de mi labor he podido constatar la importancia de no suponer en ningún caso que las personas entienden a la perfección el mensaje que quiero transmitir. Conjuntamente es importante el nivel de detalle que requiere cada persona para desempeñar su tarea, ya que el exceso de información también puede conducir a desorientación del receptor. Más aún, es de gran relevancia cómo debo emitir el mensaje para que dicha persona lo reciba en la mejor disposición (la cortesía nunca está de más).

Por tanto, decirle al anciano del que hablábamos al principio que tomé una dosis de 20 mg medicamento A y 10 mg del medicamento K puede no ser suficiente. En últimas, quizá lo que dicho anciano requiera es que le digan que tome dos pastillas del medicamento de la caja azul y media pastilla del medicamento de la caja verde (siempre existe el riesgo de que cambie la presentación del medicamento o la dosis que contiene cada pastilla, riesgo que debe ser contemplado). Por eso, no basta con que lo diga en castellano, para que le comprenda por favor dígalo en mi castellano.

[1] Diccionario de la lengua española. Último acceso el 30 de Noviembre de 15. Disponible en: http://dle.rae.es/?id=A58xn3c

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Sobre el autor

Juan Camilo Gómez Trillos

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